.. A la memoria de mi padre: D. José Berni Gómez q.e.p.d. iniciador de esta colección

COLECCIONISTA DE VITOLAS DE PUROS
JUAN ALBERTO BERNI GONZALEZ (vitólfilo)   A.V.E. 1415

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. el tabaco y su entorno-activo . La vitola . IntercambiosComprasVentas .


Grandes Tabaqueros y sus Marcas

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Flor de la Isabela.Habilitación de la Flor de la Isabela con sus diferentes vitolas y precios de venta al público
CGTF AnuncioBonito anuncio de la C.G.T.F.

Una vez tratada, en otro capítulo específico, la extraordinaria figura de Antonio López, primer marqués de Comillas, nos centraremos aquí en contar la historia de una de sus más importantes empresas, que lamentablemente solo pudo presidir durante dieciocho meses, pues la muerte le sorprendió repentinamente el 16 de enero de 1883.

Corría el mes de febrero de 1881, cuando llega al poder el gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta y con él la tan esperada medida del decreto de desestanco del tabaco filipino, de la mano de su recien nombrado Ministro de Ultramar Fernando León y Castillo. Se ponía fin a cien años de monopolio del cultivo, venta y comercialización de tabaco en Filipinas.
Con esta inteligente medida, tomada con muchísimo retraso (en Cuba ya se había decretado en 1817), la agricultura e industria tabaquera filipina se verían notablemente beneficiadas en sus distintas vertientes de producción, elaboración y comercialización.


La creación de la C.G.T.F.

Consecuencia inmediata de este largamente esperado cambio sería la creación de la Compañía de General de Tabacos de Filipinas C.G.T.F. el 26 de noviembre de 1881, solo cinco meses después de la promulgación del decreto de desestanco y aparentemente de forma repentina, casi irrumpiendo desde la nada.
Esta sorprendente aparición de la compañía tabaquera no era casualidad sino que obedecía a un plan cuidadosamente elaborado seguramente durante años, y que fue lanzado al poco tiempo de la promulgación de dicho decreto, pues la rapidez de actuación se consideraba como un factor crítico para el éxito del proyecto.
Por ello llevaban tiempo trabajando en la sombra haciendo gestiones políticas ante el gobierno para lograr su apoyo a la nueva empresa y también para que lograr el cambio de algunos puntos del decreto.
Antes de Septiembre de 1881, con sumo sigilo, el Banco Hispano Colonial, fundado en 1876 por el mismo Antonio López, ya había dado los pasos legales preparatorios que conducirían a su constitución.

La C.G.T.F nace en Barcelona, fundada a título personal por Antonio López en asociación con el Banco Hispano Colonial (también propiedad suya), el Banque de París et des Pais Bas y la Sociedad de Crédito Mobiliario Español con sede en Madrid, de capital francés y futuro Banco Español de Crédito (en 1902).


Los primeros pasos y la puesta en marcha del proyecto
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Si hay algo que la C.G.T.F. tuvo claro desde sus inicios fue la estrategia del proyecto, es decir, sus objetivos y la forma de llevarlos a cabo. Conocía bien a sus competidores, como el Marqués de Campo y sabía que la competencia sería dura pero estaba apoyado financieramente por capital nacional y extranjero y mantenía importantes contactos con el gobierno español. Esto no quita ni un ápice de mérito a la excelente gestión llevada a cabo por la compañía, pues, como veremos, fue capaz de desarrollarlos con prudencia y acierto, rodeándose de directivos competentes y de personal técnico muy preparado.
Su objetivo era, en primer lugar, explotar el mercado del tabaco en Filipinas (cultivo, compra, fabricación, venta y explotación), aunque sin renunciar a otros negocios, como de hecho así sería.
Su estrategia se basaba en aprovechar el factor sorpresa y así tomar una posición de relevancia, evitando una competencia segura del mercado interior y adelantándose a una posible compra de fábricas y terrenos por el capital extranjero. Una rápida puesta en marcha del proyecto les permitiría colocarse en condición de superioridad, tanto en calidad como en cantidad del tabaco obtenido.

Lope Gisbert, comisionado y después administrador general de la C.G.T.F.

Para poner en marcha el proyecto ponen al frente un puñado de personas de gran capacidad, entre ellos el hacendado filipino Antonio P. Casal, al que encomiendan la adquisición de mejores terrenos para plantaciones de tabaco, el ingeniero francés Armand Villemer que es nombrado responsable de la sección industrial y que llega a Manila en febrero de 1882, y Lope Gisbert inicialmente comisionado de la compañía, y nombrado en 1883 administrador general.
Gisbert sería el gran organizador, la persona que llevaría a la práctica los planes de implantación de la tabaquera en Filipinas. En agosto de 1882 Gisbert presentó el reglamento, que fijaba su estructura organizativa (puestos, funciones, obligaciones, etc) y por el que la compañía se rigió durante muchos años. Los objetivos empresariales se resumen en los siguientes frentes estratégicos:

Compra de terrenos para el cultivo .- El primer objetivo estratégico se conseguía en agosto de 1882 tras vicisitudes varias con protagonismo del apoderado de la Compañía, Antonio Casal. Al final se cierra el trato para la adquisición a nombre de la compañía de un total de 10.000 Ha. de terreno muy fértil y susceptible de ser ampliado con más adquisiciones en terrenos adyacentes, que se bautizaron con los nombres de: Santa Isabel (2.185 Ha.), San Rafael (1.295 Ha), San Antonio (1.939 Ha), San Luis (1.622 Ha.) y La Concepción (2.189 Ha.). Todos estaban situados en el Valle del Cagayán (provincia de Isabela), en terrenos nunca explotados y dentro de zonas inundables en la estación de lluvias, y por tanto con el aporte regular de materiales orgánicos que constituirían un abono natural. En 1898 los terrenos propiedad de la Compañía en el valle de Cagayán llegaban a ocupar una superficie de 14.630 Ha. con la ampliación de la hacienda de San Antonio.
El 1 de Julio de 1882 se inaugura oficialmente con toda solemnidad las haciendas de San Antonio y San Rafael, con asistencia de personalidades locales y gran número de nativos; días después el resto de haciendas.
Poco después de adquirir estos terrenos, se compran otras 10.000 Ha en la provincia de Tarlac, en el centro de la isla de Luzón, que se denominó Hacienda Luisita que a pesar de no poder ser explotada para el cultivo de tabaco, llegaría a ser una de las fincas mas rentables para la compañía. Mas información .....

Organización del acopio .- Una vez comprados los terrenos idóneos para el cultivo, el problema era conseguir quien lo trabajara, pues las haciendas estaban ubicadas en una región prácticamente despoblada, sin vias de comunicación, falta de servicios y dificultad de comunicarse ya que el indio no hablaba el idioma español. En los mapas de la época, dicha región figuraba como "unexplored area" o área sin explorar, siendo más una zona forestal que otra cosa. La situación tenía bastante similitud con la que se dio en México a partir de 1870 en el famoso Valle Nacional. En ambos casos la bondad de esas tierras tan fértiles y apropiadas para el cultivo del tabaco bien merecía los esfuerzos que se tuvieron que aplicar.

Hacerse con las fábricas del Estado .- El gobierno español, una vez asumida la medida del desestanco, había decidido el cese de todas sus actividades industriales del ramo tabaquero y pone en venta sus cinco fábricas de tabaco en Manila. Dichas fábricas eran poco operativas, muchas de ellas en estado ruinoso y ubicadas en edificios diseñados para otros menesteres, como cuarteles, por lo que su adquisición no era demasiado interesante, pero como la estrategia de la C.G.T.F. pasaba por evitar a toda costa la competencia, deciden arrendar las cinco fábricas por dos años, tiempo suficiente para poder materializar su proyecto de construir una nueva y moderna fábrica de tabacos. Finalmente solo se arrendaron las fábricas de Cavite, Meisic y Malabón y solo se usaron como fábricas de tabaco las dos primeras, pues Malabón estaba prácticamente en ruinas por el terremoto de 1881. Las otras dos siguieron en manos del estado español, destinándose a usos militares.
Las dos fábricas arrendadas (Cavite y Meisic) continuaron trabajando para la C.G.T.F. con los mismos operarios que tenían pero con un claro cambio de estrategia, que no era otro que un sustancial aumento de la calidad en la elaboración, que sería un hecho paulatino como veremos a continuación.

Mejora de la calidad .- A pesar de lo apropiado de los terrenos de cultivo, el tabaco filipino, nunca brilló por su calidad. Seguramente alguna de las causas radicaría en el abandono de los cultivos a manos de los campesinos indígenas y en la falta de las técnicas apropiadas de fabricación que lograra cigarros puros con una calidad aceptable. La C.G.T.F. tenía claro que su objetivo debía ser el conseguir con gran rapidez un puro filipino "al estilo cubano". Poseía una buena hoja de tabaco, aromática y de excelentes propiedades intrínsecas, el tabaco del Valle del Cagayán, y ahora debía ser capaz de fabricar buenos cigarros puros que, al menos, se parecieran a los inigualables puros habanos.
Para ello el ingeniero Villemer se puso manos a la obra y contrató en La Habana un puñado de especialistas en cada fase de elaboración del cigarro puro: escogedores, despalilladores, fileteadores, amarradores, torcedores, etc... Estos expertos llevaron la dirección de sus respectivos talleres, seleccionando y entrenando en su respectiva especialidad a los operarios filipinos. Después de años de práctica, numerosas familias de operarios llegaron a ser expertos tabaqueros y cigarreros de la fábrica de "La Flor dela Isabela".
Progresivamente se conseguiría perfeccionar la deficiente manufactura de los tabacos filipinos, que lograrían un primer e incipiente éxito en la Exposición de Manila de 1882 con los llamados "cigarros al estilo cubano", que obtuvieron un destacado premio de honor (la máxima distinción) y un merecido reconocimiento e impulso necesario al tabaco filipino.

.Anilla gigante de LA FLOR DE LA ISABELA - NUEVO CORTADO.

Las cosas iban discurriendo según el calendario previsto, pero pronto surgen dificultades. Se pone de manifiesto la falta de campesinos dispuestos a cultivar hoja de tabaco en las recien inauguradas haciendas de la C,G.T.F., ya que los indios locales prefieren seguir cultivando sus terrenos y vender la hoja al mejor postor. Rápidamente deciden buscar en provincias próximas como Ilocos cuyos pobladores tenían fama de buenos campesinos, trabajadores y resistentes.
Fernando Primo de Rivera, a la sazón gobernador general del archipiélago, fue quien organizó la inmigración de ilocanos a La Isabela. En poco más de dos meses se reclutaron unas 270 familias, que en 1883 llegaron a 4.000 colonos, a pesar de la mortandad ocasionada por el cólera en 1882. Se les ofrecía transporte, pago de posibles deudas anteriores, y sustento hasta su definitivo asentamiento en las haciendas. Una vez allí se les asignaba terreno cultivable y se les dotaba de todo lo necesario para el cultivo (aperos, dinero, víveres, etc...) anotando el coste como deuda en su cuenta. Estaban obligados a cultivar hoja de tabaco en el terreno asignado siguiendo las instrucciones de su respectivo capataz de zona, teniendo en cuenta que una parte podían dedicarlo a otros cultivos de subsistencia como arroz o maíz.
Debía vender la cosecha de tabaco completa a la compañía, haciendo entrega de ella en los almacenes locales. La compañía percibía la tercera parte del importe de la venta en concepto de pago del alquiler del terreno y el resto quedaba para el colono directamente en dinero corriente, deduciendo una cuarta parte en el caso de que aún no tuviera saldada la deuda inicial. Cuando dicha deuda se saldaba el colono podía abandonar la finca o seguir como aparquero en las mismas condiciones, cosa que normalmente sucedía.

El sistema de "acopio de tabaco" de la C.G.T.F. fue uno de los factores que intervinieron decisivamente en su rápido y exitoso crecimiento. Dado la gran extensión del territorio de cultivo tabaquero en gran valle de Cagayán, la compañía decidió dividir el acopio de tabaco en dos zonas o demarcaciones, que pasaron a denominarse la casa de Cagayán y la casa de La Isabela, cada una de las cuales era independiente y se dirigía desde su respectiva oficina central, con métodos distintos.
La casa de La Isabela tenía su oficina central en Ilagan; desde allí se organizaban y dirigían las plantaciones. El sistema que se seguía para el acopio de la hoja de tabaco en las cinco haciendas, que abarcaban un total de 20 pueblos, era que los cosecheros acudían a vender su hoja al precio fijado en fardos de 40 manos (*11) a uno de los 22 almacenes locales que la compañía tenía repartidos por la zona.
Desde allí eran transportados a los almacenes centrales de Lal Loc, a través del río Cagayán cuando éste bajaba con suficiente caudal, y desde los almacenes centrales se enviaba a las fábricas de Manila o bien directamente se exportaba.
La casa de Cagayán tenía su oficina central en la localidad de Tuguegarao y abarcaba 14 pueblos. Aquí el acopio de la hoja se realizaba recogiendolos directamente en las principales haciendas o ranchos de cada pueblo para transportarlos y concentrarlos finalmente en uno de los 15 almacenes locales que disponía la compañía.
El tabaco de Nueva Écija se empleaba en su totalidad para hacer cigarrillos llamados "de batida" y así cubrir el consumo interno filipino. Abarcaba 6 pueblos y la casa central estaba en la localidad de San Isidro.
El tabaco de las Islas Visayas se manejaba desde dos casas: la de Ilo Ilo y la de Cebú.

Fabrica La Flor de la IsabelaFábrica "La Flor de La Isabela" antes del incendio de 1898 (*10).


La fábrica de tabacos "
La Flor de la Isabela".
Los planes estratégicos de la compañía pasaban ineludiblemente por la construcción de una nueva y poderosa fábrica de tabacos en un plazo máximo de dos años, pues en ese plazo finalizaba el arrendamiento de las fábricas estatales.
Tenía, pues, dos años para construir una fábrica de gran capacidad, moderna y eficiente, que respondiera convenientemente a las exigencias de una producción de calidad y a gran escala. Para evitar la esperada la subida de precios del terreno en Manila, en el verano de 1882 se adquirieron dos parcelas con una superficie de cerca de 9 Ha., con facilidad de transporte y con posibilidad de ampliación, en uno de los distritos centro de actividad industrial y mercantil más importantes de Manila al que se accedía a través de la hermosa Avenida del Marqués de Comillas, llamada así en honor del que fuera fundador y primer presidente de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. El lugar se llamaba Ilang-Ilang en San Fernando de Dilan, que posteriormente se llamó Predio de San Marcelino.

Pero, mientras se construía la nueva fábrica, era preciso seguir fabricando en las tres antiguas fábricas de tabaco estatales, y así fue, pues se disponía de los elementos necesarios para la fabricación a gran escala: operarios apoyados técnicamente por expertos tabaqueros cubanos, una hoja de tabaco de gran calidad procedente de sus propias haciendas de las provincias de Isabela y Cagayán, y finalmente, bellas etiquetas litográficas y vitolas a incorporar en las cajas de cigarros puros para una correcta y elegante presentación.
Con todo ello, se tomó oficialmente posesión de las fábricas estatales el 1 de enero de 1883, asistiendo en representación de la C.G.T.F.: Lope Gisbert como comisionado especial, Villemer como ingeniero jefe de la sección industrial y Antonio Casal como consejero de la compañía, comenzando inmediatamente la fabricación con un total de 680 mesas servidas por los mismos 10.000 operarios que antes trabajaban para el estado.

La C.G.T.F inauguró la primera nave de su fábrica LA FLOR DE LA ISABELA, conocida como LA TABACALERA, en febrero de 1885, trasladando dos talleres de operarias procedentes de la fábrica estatal de Malabón, cuyo arriendo quedaría inmediatamente rescindido. Tras algunas trabas interpuestas por los militares, pues los terrenos estaban considerados como de interés militar defensivo, en 1889 quedó definitivamente finalizada la fábrica, con una cláusula que les obligaba en caso de guerra a ser usada por el ejército para fines de defensa.
Era de forma rectangular, de 180 x 121 metros y una superficie de 21.870 m2 distribuidos en dos pisos; contaba con seis naves formando tres patios interiores. La distribución de las distintas actividades en las naves estaba pensado para disminuir largos desplazamientos y facilitar la manipulación. Según los planos iniciales diseñados por el ingeniero Vllemer, la fábrica podría albergar con holgura a 3.000 mujeres y 1.500 hombres. La fábrica fue un "modelo por su magnitud y especiales condiciones" a decir de los técnicos industriales del momento.
Pero la noche del 25 al 26 de junio de 1903, se produjo un pavoroso incendio, al parecer fortuito, que la destruyó casi en su totalidad, sin que se contaran desgracias personales, dado que afortunadamente se produjo por la noche en un periodo de inactividad laboral. Solo se salvó una parte de la nave Sur, quedando el resto calcinado por las llamas.

Flor de la Isabela. Antiguas anillas de la C.G.T.F.

Se sistematizaron los métodos de cultivo, seleccionando cuidadosamente las clases de tabaco, y se formaron y especializaron a miles de colonos y empleados. Se construyó un excelente sistema de almacenes para recogida de tabaco que se utilizaron también para el resto de productos. El mejor y más escogido tabaco se empleaba en las múltiples elaboraciones de la fábrica de La Flor de la Isabela.
Las elaboraciones de esta gran fábrica llegaban a todos los mercados del mundo y las marcas de sus ricos tabacos eran populares en todas partes. Las famosas plantaciones de tabacos de lsabela y Cagayán, consideradas como el mejor tabaco de Extremo Oriente, hicieron famoso al tabaco filipino, que pudo competir a un primer nivel con cualquier tabaco de calidad del mundo, fue una de las principales fuentes de riqueza del archipiélago durante muchos años.


Producción de tabaco de la fábrica.

La fábrica LA FLOR DE LA ISABELA se especializó en la producción de cigarros puros de vitolas cubanas, menas filipinas y en menor medida de picadura para cigarrillo. Sus productos se fabricaban basándose en una hoja de tabaco de la mejor calidad, especialmente para las vitolas cubanas, en las que se usaba la mejor hoja de los almacenes de Lal-Loc, a orillas del río Cagayán, obteniendose unas inmejorables propiedades intrínsecas de gusto, aroma y combustibilidad. A decir de los consumidores de la época, sus cigarros puros de vitolas cubanas eran famosos por su fino y penetrante aroma mientras que los de menas filipinas eran de calidad más baja.

Estaba a la cabeza de las fábricas de tabacos del archipiélago y posiblemente fue una de las mejores y mas productivas a nivel mundial, tanto por la calidad de sus elaboraciones como por el volumen de su producción. Sus productos manufacturados constituían la más importante proporción de la exportación del tabaco elaborado en aquél país. En el año 1898, la C.G.T.F elaboraba más del 60% del tabaco que se cultivaba en Filipinas y exportaba más del 90% del total.
La extraordinaria demanda alcanzada hizo necesario la ampliación de la planta primitiva. En sus talleres de cigarros, cigarrillos y picadura llegaron a trabajar unos 5.500 operarios tabaqueros más el resto de personal no técnico. Sus productos se vendían en todos los mercados a través una red de oficinas, representaciones y corresponsales distribuidos por todos los paises del mundo. Cito los mas representativos

Entrada a la fábrica de La Flor de La Isabela. (*10)

Para hacernos una idea de su producción, decir que el quinquenio 1893-1898 la C.G.T.F producía en su fábrica de La Flor de la Isabela más de 22 millones de unidades de puros estilo cubano y 31 millones de puros de mena filipina.
En 1898 la producción prácticamente se paralizó por la guerra con los EEUU, empeorado por el incendio de la fábrica.
Entre 1904 y 1909 hubo un descenso en la producción, que no fue consecuencia directa del incendio de 1904 sino más bien se atribuye a la profunda crisis económica que en esos años vivió el pais, debido al aumento de impuestos, cierre arancelario de mercados como las indias holandesas, etc...

Taller de despalillado de la fábrica. (*10)

Hasta 1925 la fábrica era envidia del sector, pues pasaba por ser un modelo productivo a nivel internacional, tanto por su calidad como por su productividad. Era a gran distancia la primera fábrica tabaquera de Filipinas y una de las más importantes del mundo. LLegó a tener 4.000 operarios especializados trabajando manualmente en las tareas de elaboración de cigarros puros. EEUU era el gran comprador de cigarros a la compañía. En el periodo 1921-1925, se exportó a dicho país una media de más de 45 millones de cigarros puros al año que representaba casi una tercera parte de la exportación filipina a los EEUU.
Pero a partir de 1926 se empieza a notar los primeros síntomas de decadencia. Las ventas no pararon de descender y los resultados de la fábrica a ser cada vez peores, hasta que finalmente, como consecuencia de la ocupación japonesa, la fábrica quedará arrasada casi en su totalidad.

El análisis de las causas de estos malos resultados continuados son discutibles, sin embargo hay datos objetivos: la depresión de la década de 1930 consecuencia de la crisis de 1929, el aumento de la competencia, la bajada de precios, el cambio de hábito imparable de los fumadores hacia el consumo de cigarrillos, etc.
Otra importante causa de índole muy distinta sería la relajación de los objetivos de la tabaquera: calidad, costes de producción y productividad de la fábrica. Esta realidad es puesta de manifiesto por un estudio realizado por directivos de la C.G.T.F. que concluyó con un duro informe que venía a decir que la caída de las ventas obedecía a la pérdida de crédito de sus elaboraciones en los mercados por costes elevados y bajada de la calidad, y que para recuperar dicho prestigio era preciso lograr la calidad exigida con costes de producción menores.
Lo cierto que el sector tabaquero de la C.G.T.F. estaba contra las cuerdas y precisaba de una importante reorganización, que se tuvo que paralizar en 1941 por la guerra de ocupación japonesa.
La fábrica fue incendiada y arrasada por los japoneses tras su derrota en la batalla de Manila, en febrero de 1945, poco antes de retirarse de la ciudad. La batalla duró cerca de un mes y supuso un baño de sangre y la total devastación de la ciudad. Así se puso fin a LA FLOR DE LA ISABELA, una de las fábricas de tabaco más importantes del mundo, orgullo de la compañía y del país durante tantos años.

Después de la segunda guerra mundial, La Flor de la Isabela siguió elaborando sus productos tabaqueros en un edificio provisional y después en un nuevo edificio construido a tal efecto. Pero estas últimas etapas se cuentan con más detalle en la evolución de la compañía desde 1918 hasta la actualidad.

Anuncio oficial de venta de puros filipinos de la C.G.T.F. (década de 1890).


La promoción de sus manufacturas.
Dado que la peculiar naturaleza del mercado tabaquero de aquellos años, había una tendencia al proteccionismo, con un mercado libre escaso pues gran parte de países actuaban en régimen de monopolio o pseudomonopolio. Esa fue la razón por la que la compañía se vio obligada a abrirse camino mediante publicidad enfocada no al consumidor final sino hacia dichos monopolios, así como intentar influir sobre personas influyentes de su entorno, como monarquías, gobiernos, políticos, etc...
Por todo ello, una de las estrategias que se utilizó fue la de presentarse a las Exposiciones Universales tan de moda en aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX. A continuación se citan dichas exposiciones en las que presentaron sus elaboraciones tabaqueras y los premios o distinciones obtenidos en ellas:

A raíz de la Exposición Universal de Madrid sobre Filipinas (1887), se obtiene un favorable contrato con la recién creada C.A.T. (22.4.1887), para vender sus vitolas filipinas en los estancos españoles, como podemos comprobar a la vista del anuncio oficial de la figura adjunta y que sería literalmente publicado en la prensa española en la década de los años 1890).

Con similar fin de prestigiar su tabaco, la C.G.T.F. obtuvo de los monarcas de España, Portugal e Italia sendos títulos de "proveedores" de dichas casas reales, con autorización expresa para usar su escudo en las etiquetas comerciales de sus distintas marcas. Así, la casa real española les concede dicha autorización en 1885, poco antes de la muerte del rey Alfonso XII, después de que se les obsequiase con 10.000 vitolas al estilo cubano en lujosos estuches especiales de cedro con el título de ALFONSO.


Los otros negocios de la C.G.T.F.
Los estatutos de constitución de la C.G.T.F. definían claramente que la principal actividad sería la tabaquera, pero sin renunciar a la explotación de cualquier otro recurso que se considerara rentable en Filipinas. La compañía fundada por Antonio López llegó a explotar la práctica totalidad de materias primas que el archipiélago producía con la suficiente capacidad para la exportación, como copra, abacá, madera, maguey, azúcar o tabaco, además de otras actividades industriales derivadas como el transporte marítimo o destilación de alcohol.
Así, hasta la primera Guerra Mundial los principales beneficios de la Compañía fueron los acopios de tabaco en rama y de la elaboración del tabaco, y en segundo lugar el azúcar y la explotación de las haciendas (madera, copra, etc).

Su época dorada fue el período entre las dos guerras mundiales, cuando el azúcar tuvo un papel hegemónico en los beneficios de la compañía, pudiendo soportar las pérdidas sufridas por el tabaco debido a la creciente pérdida de cuota de mercado en la exportación de puros a los EE.UU., que pasó del 39% (1933) al 12% (1939). A pesar de ello, sus acciones dieron unos dividendos anuales del 17% durante este período, con sólo dos excepciones, 1933 (33%) y 1937 (14%).

El Marqués de Campo

El transporte marítimo y fluvial.
La Compañía de Vapores Correos A. López había sido creada en 1850 por Antonio López e inaugurada con un vapor de 400 toneladas. En 1861 consigue la concesión de la línea que unía España con las antillas españolas. En 1881 se transforma en sociedad anónima con el nombre de la Compañía Trasatlántica. En 1882, el propio Antonio López convence al consejo de administración de la C.G.T.F de la necesidad estratégica de no depender de los barcos de la actual concesionaria, una vez constatadas las trabas que ésta ponía al transporte de tabaco en sus barcos. Ello se debía a la dura competencia que mantenían en Filipinas con el Marqués de Campo, que ostentaba la propiedad de las líneas que cubrían el transporte entre Manila y la península y las Antillas españolas.
Inmediatamente se adquieren cuatro vapores de más de 4.000 toneladas cada uno: Isla de Luzón, Isla de Mindanao, Isla de Panay y Isla de Cebú. Tras años de dura lucha por el negocio naviero, el Marqués de Campo no pudo resistir la competencia de los modernos navíos de la C.G.T.F., viéndose obligado a abandonar la concesión de la línea filipina a favor de su competidor. Poco después, de Campo venderá once de sus barcos a la Compañía Trasatlántica de Antonio López.
Debido a la necesidad de transportar el tabaco desde sus haciendas en Cagayán e Isabela aguas abajo del gran río Cagayán, la compañía tuvo que montar un servicio de transporte fluvial que condujera los fardos de tabaco hasta sus almacenes generales de Lal-loc, en la desembocadura del río. Los primeros años se aprovecharon los rudimentarios y pequeños barcos propiedad del estado español, pero pronto se decide incorporar barcos modernos y más veloces y de mayor capacidad, inaugurándose en 1885 el servicio con un remolcador y cuatro gabarras, que se utilizó para el transporte tanto de mercancías como de pasajeros.
Durante los siguientes años fue ampliándose la flota de vapores para cubrir las necesidades del transporte interno entre las distintas zonas e islas del archipiélago.

Central azucarera de Tarlac, en Hacienda Luisita (*10)

El azúcar.
Hasta finales del siglo XIX, el cultivo y tratamiento de la caña de azúcar en Filipinas se hacía a través de miles de pequeñas explotaciones artesanales. La extracción de su jugo se realizaba en molinos rudimentarios llamados trapiches a bajo coste, exportandose muy competitivamente (la mayoría a los EE.UU), llegandose hasta el 58% del total de las exportaciones en 1895.
En lo que respecta a la C.G.T.F., hasta entonces había constituido el segundo producto de exportación después del tabaco.
La competencia con la remolacha azucarera, los altos costes de transporte de la materia prima y la liberalización del comercio con los EEUU en 1909 supuso el despegue definitivo del sector, que pasaría rápidamente de los viejos métodos artesanales de cultivo y producción a otros basados en procesos mecanizados de centrifugación y de refinado.
Por todo ello, la compañía considera estratégico entrar decididamente en la modernización del sector azucarero y pronto inician un proyecto para lograr su refinado en origen con la obtención de sus derivados como alcoholes, melazas, anisados, etc...
Hasta la construcción de la Central azucarera de Bais por la C.G.T.F en 1919 en la provincia de Negros Oriental (islas Visayas), la caña se vendía directamente sin elaborar. El cultivo y el acopio se realizaba en las haciendas propiedad de la compañía mediante unos métodos similares a los del tabaco.

La Hacienda Luisita era una finca de 10.000 Ha. de terreno forestal situada en la provincia de Tarlac, en el centro de la isla de Luzón, en una zona rica y virgen pero que no disponía de suficiente agua para el cultivo intensivo de terrenos, pudiendose considerar como zona forestal. Con la llegada del ferrocarril a Tarlac, en 1888, comienza a explotarse a fondo su riqueza forestal, que dura unos veinte años, en los que se talaron grandes cantidades de árboles de gran porte (hasta 30 metros de alto).
Agotada una buena parte de la riqueza forestal de la hacienda, se decide canalizar el río O'Donnell, construyendo el llamado canal de Tarlac, obra que se inaugura en 1914 y que permite plantar masivamente caña de azúcar así como cultivar arroz y tabaco. Estas y otras obras de mejora y modernización permitirán obtener importantes beneficios a partir de 1918.
La Central azucarera de Tarlac, en Hacienda Luisita, fue inaugurada en 1928 y llegó a superar en importancia a la central de Bais, suministrando cerca del 20% de todo el azúcar que importaba los Estados Unidos. En sus mejores momentos llegaron a trabajar hasta 6.000 personas, incluidos 200 empleados españoles.

A raíz de las luchas contra los comunistas huks y la ocupación de terrenos de la hacienda por campesinos. En 1947, ante estas circunstancias, la compañía decide vender una tercera parte de la hacienda al gobierno; los ocupantes que quedaban en zonas de la compañía se trasladaron a las vendidas al gobierno y la Hacienda Luisita recupera rápidamente la normalidad.
Lo que quedaba de la Hacienda Luisita era ambicionada por la todopoderosa familia López, de Ilocos. El mismo presidente de Filipinas Ramón Magsaysay, ante la posibilidad de tal concentración de poder, decide frenar la venta y ofrecer la propiedad de la hacienda a José Cojuangco, apodado "Pepe", a través de su yerno Benigno Aquino (esposo de la futura presidente Corazón Aquino). En 1958 Cojuanco logra adquirir la hacienda Luisita a la C.G.T.F. por una importante suma de dinero. (*12)

Secaderos de COPRA. (*15)
Planta del abacá y fibra secándose. (*15)

Otros productos agrícolas y derivados.
También fueron objeto de negocio por la C.G.T.F. otras materias primas muy abundantes en Filipinas. De todas ellas, por su importancia, merecen destacarse: la copra, el abacá y el maguey.

La copra se utilizaba para elaborar aceite de coco y deciden entrar en el negocio de la copra. Entre 1894 y 1898 se prepara el sistema de acopio de la materia prima (la pulpa seca del coco) y se adquieren almacenes e instalaciones precisas; ya en los primeros años del siglo veinte la compañía copaba el 75% de la exportación de copra de toda Filipinas.

El abacá es una planta similar al plátano, que es endémica de Filipinas y muy abundante allí, de la que se extrae una fibra de gran calidad que se empleaba para fabricar jarcias marineras, tejidos y hasta para forros de cables submarinos.
A finales del siglo XIX, las exportaciones de abacá filipino crecieron hasta llegar a constituir la tercera parte de la totalidad de las exportaciones, desplazando al azúcar y al tabaco. No obstante en este negocio la compañía no llegó a tener unas cifras de producción significativas, abandonandolo en 1914.

El maguey es una planta de la familia del agave, de la que también se obtenía una fibra similar al abacá pero de peor calidad y menor sedosidad y fortaleza, por lo que su precio de mercado era sensiblemente inferior. La compañía, que lo adquiría en la provincia de Ilocos Sur, llegó a ocupar el primer puesto en su exportación.

Planta del maguey o adarve. (*15)

Los alcoholes y destilados. La compañía decide en 1891 hacer pruebas para el procesamiento de la caña de azúcar y adquiere un ingenio de segunda mano. Como dichas pruebas no dieron los resultados esperados, se decidió la construcción de una gran fábrica dedicada a la obtención de alcoholes por destilación de la melaza de la caña de azúcar. La fábrica se construyó en la avenida del Marqués de Comillas, en el predio de San Marcelino y se llamó La Clementina en honor a su director, D. Clemente Miralles, persona de gran profesionalidad que fue director de la C.G.T.F. durante 20 años, hasta 1909.
Bibliófilo de vocación, fue el creador, en 1883, de la famosa Biblioteca Filipina de la C.G.T.F., que llegó a ser la mas rica y completa colección bibliográfica sobre Filipinas a nivel mundial. Se vendió al estado filipino en 1912.
En la destilería de obtenían alcoholes de cuatro tipos: ginebra, anisados, alcohol de 95 grados y colonia llamada agua de florida.
En 1941 se instaló una fábrica de celulosa para aprovechar el bagazo o residuo de la caña de azúcar.

 

evoluciÓn de la compaÑÍa hasta la actualidad.

1909-1918 .-
Como ya se dijo anteriormente, la C.G.T.F. estuvo sujeta a los cambios de las políticas económicas y de la situación social de Filipinas, pero sobre todo estaba sometida a los vaivenes de los mercados internacionales, pues, como empresa eminentemente exportadora que era, su cuenta de resultados dependía en gran medida de sus ventas en los mercados exteriores. Así, le afectaron muy negativamente las medidas proteccionistas de los gobiernos con los que comerciaba. Ejemplo de ello fue la primera gran crisis de la compañía, a principios del siglo XX, con la implantación del impuesto llamado de Rentas Internas en Filipinas, que limitó enormemente el consumo interior, que sumado al nuevo régimen fiscal impuesto por los EE.UU. que gravaba el comercio con Filipinas, ocasionó una enorme crisis en el país, a la que la C.G.T.F. no pudo evitar. La crisis fue profundizándose entre 1904 y 1909, momento en que a raíz de la ley Payne-Aldrich en 1909 permitió el libre acceso de algunos productos filipinos al mercado norteamericano. A partir de 1911 la crisis económica de la compañía se considera superada y se prepara para su periodo más fructífero, que llegaría hasta 1945 (el periodo entre guerras).
La primera guerra mundial no afectó demasiado a la producción tabaquera, aumentó la demanda de tabaco y se elevó sustancialmente el precio,  aunque no se pudo satisfacer toda esta demanda a consecuencia de malas cosechas. A pesar de todo, en términos meramente de cuentas de resultados, el periodo 1914-1918 se consigue un aumento de los beneficios de ocho veces en relación con el periodo anterior.

1918-1941.-
El periodo comprendido entre el fin de la primera guerra mundial hasta la invasión japonesa de 1941, fue un periodo de grandes convulsiones: crisis de la posguerra, la guerra civil China de 1926, la gran depresión mundial iniciada en 1929. No obstante, la C.G.T.F. tuvo en este periodo su época dorada, pues durante esos veintidos años repartió un dividendo entre sus accionistas del 17%, salvo algún altibajo puntual, compensando con sus reservas los peores años de las crisis.
El tabaco a partir de 1921 comienza a sufrir una gran caída en el precio y en la demanda, los precios y las ventas caen de forma brusca, mientras que simultáneamente la competencia aumenta. Nuevamente el tabaco es el gran afectado en la crisis y depresión de los años 30; los precios y la demanda continúan cayendo. El tabaco es desplazado por el azúcar al segundo puesto. Con todo, la fábrica de La Flor de la Isabela sigue dando unos pingües beneficios. Los EEUU pasan a ser el principal importador de cigarros puros de la compañía.
A partir de 1926, comienza el declive imparable de la gran fábrica tabaquera de la compañía, que fue agudizándose progresivamente según avanzaba el tercer decenio del siglo, hasta que finalmente la fábrica es literalmente destruida (incendiada por los japoneses) en la batalla de Manila mantenida entre entre aliados y japoneses en febrero de 1945.
El sector de transporte marítimo de la compañía también fue decayendo, aunque muy lentamente, hasta la década de 1940, en que nos encontramos con una flota de barcos deteriorados y obsoletos debido a la imposibilidad de renovarlos debido a que las leyes filipinas no permitían la adquisición o abanderamiento de buques de cabotaje a empresas extranjeras a excepción de EE.UU. por lo que se tuvo que hacer mediante sociedades participadas o empresas filiales filipinas.

1941-1945.-
La segunda guerra mundial, con la ocupación japonesa de Filipinas, supuso un periodo penoso en lo social y económicamente desastroso para la economía del país, y por supuesto para la C.G.T.F. Las pérdidas económicas por los destrozos y la caída de la producción de las fábricas fue enorme. A la finalización de la contienda, los EE. UU. crearon una comisión para los daños de la Guerra y aprobaron distintas leyes para indemnizar a Filipinas, tanto para particulares como a empresas que se consideraran "cualificadas", que en el caso de la compañía requería que en el momento de su constitución (1881) debería haberse organizado bajo las leyes filipinas vigentes en 1881.
La C.G.T.F. presentó sus informes de evaluación de daños, reclamando más de once millones de pesos, pero se lo denegaron porque en su no se cumplía la condición de "empresa cualificada". Se tuvo que buscar apoyos políticos en el congreso de los EE.UU. y amigos en el mismo gobierno filipino, además de exponer detalladamente la sincera colaboración de la compañía con los aliados en todo el conflicto para que en 1951 se le abonara el 69% de lo reclamado.

1946-2013.-
A partir del final de la segunda guerra mundial la compañía se ve obligada a cambiar muchas de sus estrategias para sobrevivir en una situación tan cambiante y compleja. A nivel global, se fue recuperando del desastre de la segunda guerra mundial y comenzó a repartir dividendos en 1954, llegando a la culminación de su crecimiento y beneficios durante el quinquenio 1961-1965, periodo en el que llegó a dar un dividendo del 22% en los años 1961 y 1962. Luego vendrían sucesivas crisis, cosechas desastrosas, inestabilidad política, y un largo etc... La grave crisis de 1967 fue el detonante para la toma de una serie de decisiones que fueron desencadenando el progresivo declive de la compañía.

Aunque la producción de azúcar en las dos dos grandes centrales azucareras de la compañía fue aumentando tras la guerra hasta lograr exportar mas de 200.000 toneladas en 1955, el cultivo de caña en las propiedades de la compañía estaba muy mermado, ya que a finales de la década de 1950 se habían vendido las principales haciendas azucareras: la hacienda Luisita y las tres haciendas de Bais, quedando solamente la finca de San José, que finalmente se vende en 1973. También se venden sus centrales azucareras, primero la de Tarlac, en 1958, y posteriormente la de Bais, en 1979, acuciada por la bajada de precios y la fuerte competencia.

La nueva fábrica de La Flor de la Isabela, inaugurada en 1979. (*10)

El negocio tabaquero a partir del final de la ocupación japonesa de Filipinas en 1945, está marcado por una gran debilidad para la C.G.T.F. Se constata la necesidad de una revisión profunda en la estrategia de la compañía, ya que el paso del tiempo había puesto en evidencia los antiguos sistemas vigentes desde 1881, que se asentaban firmemente en dos supuestos que ya en ese momento se estaban tambaleando: bajos costes laborales y un mercado seguro para las exportaciones.
Al terminar la guerra, se construye un edificio provisional para emplazar la nueva fábrica Flor de la Isabela en la calle de Tanduay (Manila). La producción fue aumentando progresivamente: mas de dos millones de puros y siete de cajetillas de cigarrillos en 1949, para pasar a 6,5 millones de puros y 25 de cigarrillos en 1966.
En 1952 se crea una filial brasileña para adquirir tabaco de esa nacionalidad y así poder cubrir los cupos comprometidos con España con otros monopolios y países europeos.
Poco a poco se recuperan las ventas y se abren nuevos mercados en el norte de África, Sudamérica y Extremo Oriente, aunque sin acercarse a los niveles alcanzados en sus años de esplendor. Los productos tabaqueros de la C.G.T.F. continuaban siendo muy apreciados en todo el mundo y las exportaciones eran aceptables. Sin embargo los resultados económicos del tabaco arrojaban importantes pérdidas, que la compañía compensaba con las fuertes ganancias en otros sectores y sobre todo el gran crecimiento del comercio exterior, con la compra-venta de todo tipo de artículos para el consumo en Filipinas.

Las consecuencias de la crisis financiera de la compañía de 1967, obliga a la venta de sus emblemáticas haciendas del valle de Cagayán: San Luis (en 1969), San Antonio y Santa Isabel (en 1980).
La Flor de la Isabela se reconvierte en corporación independiente y se lanza a la reconquista del mercado de tabacos filipinos. La producción aumenta desde los cerca de 8 millones de puros en 1974 a los 11 millones en 1980, todo ello a pesar de importantes huelgas y el incendio de la fábrica en julio de 1979, que fuerza a la construcción de una nueva, con instalaciones amplias y moderna maquinaria. En 1978, tras duras negociaciones con Tabacalera, se consigue que sus cigarros se vendan en España, pues desde 1939 tuvo cerradas las ventas a nuestro país.
La tabacalera de la C.G.T.F. había pasado de autoabastecerse con la hoja de tabaco procedente de sus propias haciendas a aprovisionarse con tabaco de otros países como Brasil, Colombia, Paraguay, República Dominicana e Indonesia, mediante la creación de empresas filiales en los propios estados.

En algún momento posterior a 1981, fecha conmemorativa de su fundación, la fábrica de LA FLOR DE LA ISABELA  se vendió a empresarios filipinos que crearon una nueva empresa denominada TABACALERA. Además de la marca La Flor de la Isabela, Tabacalera elabora y distribuye cigarros puros de las marcas Juan de Urquijo, Alhambra y 1881 (*13).
Con la adquisición de La Flor de la Isabela, Tabacalera ha logrado vincular el anterior prestigio de la marca y su historia, así como los éxitos internacionales del tabaco filipino en general, del cual la C.G.T.F. tuvo siempre un papel muy destacado. Cito literalmente un texto con la propaganda que una de las empresas comercializadora hacen de los productos de la marca Tabacalera en internet (*14):

«Tabacalera es la marca más antigua y más popular de Filipinas y su marca insignia es La Flor de La Isabela. Tabacalera es reconocida como la marca que hizo que los cigarros filipinos fueran mundialmente conocidos, y representa cerca de 300 años de producción de puros. Tabacalera se destaca por su suave, dulce y sabor ligeramente picante, que durante tantos años ha definido el "Cigar Manila."»

A la fecha de elaboración de este artículo, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, según su último balance presentado en 2011, refleja un rango de ventas entre 300 y 600 mil euros con un rango de empleados entre 50 y 250. Su domicilio social se trasladó recientemente a la calle General Mitre, 28 pl. baja (Barcelona). (BARCELONA).

 

conclusiÓn

Dotada de una gran visión empresarial y dirigida por directivos y técnicos competentes, la C.G.T.F. logró, en un breve espacio de tiempo, elaborar un  tabaco muy apreciado en todo el mundo, en especial en EE.UU. y Europa. Conocían bien el gusto del consumidor de la época y tenían una buena base: la calidad de la hoja de tabaco de sus propias plantaciones en el Valle de Cagayán.

Etiqueta de caja de puros (vista)
de La Flor de la Isabela

Los "tabacos filipinos" adquirieron un gran prestigio internacional, pudiendo decir sin equivocarnos que representó con orgullo al tabaco de Filipinas en su totalidad. .
Hay opiniones que apuntan a que La Flor de la Isabela llegó a fabricar el cigarro de lujo ideal, por su finísima y seleccionada hoja, su capa escogida y una elaboración intachable, máximo exponente de la calidad.
Los excelentes vegueros finos de La Isabela se fumaban en las grandes líneas transpacíficas, en  los rápidos trenes continentales, en los  mejores hoteles de todo el mundo, en los clubs deportivos, en las localidades de vacaciones, en los despachos de las grandes empresas o en las fiestas y celebraciones de la alta sociedad.

Fue la primera empresa española en la historia que se podría considerar como la primera multinacional. En Filipinas era la empresa que daba empleo al mayor número de personas, después de la administración estatal. A título de ejemplo, decir que entre La Flor de la Isabela y La Luisita llegaron a trabajar unas 11.500 personas.
LLegó a comerciar prácticamente con todos las materias primas que Filipinas era capaz de producir y que tuvieran interés comercial.
A finales del siglo XIX ya elaboraba más del 60% del tabaco que se cultivaba en Filipinas y exportaba más del 90% del total. Hasta la 1ª Guerra Mundial fue el principal exportador de copra, y en relación con el azúcar llegó a ser el principal exportador en Filipinas, aunque no el principal productor, siendo 1934 el año con mayor producción con 278.000 toneladas. (*1)

En lo que atañe a nuestro coleccionismo vitolfílico, adornó sus labores tabaqueras con espléndidas vitolas y habilitaciones, hoy muy valoradas por los vitólfilos. Muchas de ellas salieron de la imprenta litográfica de Hermenegildo Miralles (Barcelona) y de Ramírez y Giraudier (Manila).

Después de un siglo, la C.G.T.F. vendió primero sus fincas en el valle del Cagayán (1969 y 1980) y su posteriormente (después de 1981) liquidó su emblemática fábrica La Flor de la Isabela a una empresa filipina, que puso el nombre de Tabacalera a su nueva empresa, al objeto de vincular su futuro en su nueva etapa al prestigio que la Compañía General de Tabacos de Filipinas atesoró durante mas de un siglo.

 

FUENTES DE INFORMACIÓN (*)

(*1)    XL aniversario de la fundación de la Asociación Vitolfílica Española.  Coleccionables de la A.V.E.   Antonio López y la Compañía General de Tabacos de Filipinas. 
(*6)    Estudio económico y contable de la C.G.T.F : 1881-1922. Autores: Ramón Bastida (Universitat Pompeu Fabra), Antonio Somoza (Universitat de Barcelona), Josep Vallverdú ( Universitat de Barcelona)
(*7)    Manuscrito inédito, obra de Carmen Fernández de Castro sobre la historia de su familia, recogido por María del Carmen Cózar en su documentado trabajo sobre la firma naviera y comercial Ignacio Fernández de Castro y Cía       http://revista.raha.es/bru.html
(*10)  La Compañía General de Tabacos de Filipinas 1881-1981. Autor Emili Giral y Raventós  
(*11)   Un fardo de colección se componía de 40 manos. Cada mano contenía 100 hojas de tabaco. Los fardos podían ser de hasta 4 calidades en función de su calidad y tamaño. Ampliar información.
(*12)   http://en.wikipedia.org/wiki/Hacienda_Luisita
(*13)   Tabacalera es una empresa filipina comercializadora de las marcas: La Flor de la Isabela, Don Juan Urquijo, Alhambra, 1881, entre otras:     http://www.tabacalera.com.ph/
(*14)  PhilippinesBestCigars.com es un afiliado de KabayanCentral.com, una de las mas importantes tiendas filipinas en Internet    http://www.philippinesbestcigars.com/tabacalera.html
(*15)   Wikipedia

 

 
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